¿Por qué justo a mí?
Adversidad, limitaciones, sueños frustrados, parecen asignaturas imposibles de enfrentar en una sociedad que nos invita a obtener
lo que deseamos, a cualquier precio. Por Alex Chiang*.
Publicidades televisivas y gráficas nos invitan permanentemente a desafiar todos los límites. Se nos dice que a pesar de los obstáculos que se crucen en nuestro camino, podremos hacer frente
a nuestras limitaciones y lograr todo lo que pretendamos para alcanzar la felicidad.
Génesis 29.16 nos introduce a la vida familiar de Lea, la hija mayor de Labán. Ella, como tantos jóvenes, se topó con una realidad repleta de dificultades; todo era difícil para Lea. Nada en su vida le facilitaba lograr la felicidad de conquistar el corazón de su esposo Jacob. No importaba cuántos sacrificios hiciera Lea, él amaba a Raquel, su hermana menor y esto nunca cambiaría.
Lea llevaba la marca de la adversidad en su propio nombre: Lea significa fatigar. Su vida estaría siempre acompañada de esfuerzo, trabajo y fatiga.
Alex Chiang logra extraer cuatro limitaciones que Lea debió enfrentar en su vida, haciendo un paralelo con algunas situaciones adversas con las que podemos convivir.
Limitación física
La primera limitación de Lea era física. La Biblia resalta que Raquel, su hermana menor "era de lindo semblante y hermoso parecer" (v.17). Cuántos jóvenes se sienten desafortunados por no poseer los atributos físicos que aprueba la sociedad. Acceder a lugares de trabajo, triunfar y ser aceptados por ciertos grupos depende de la apariencia física o de una situación económica determinada.
Las posibilidades de estudiar y cambiar de situación social son algunos de los límites que tienen los jóvenes para alcanzar o realizar sus sueños. El mismo Alex se preguntó muchas veces por qué justo a él le tocó enfermarse de poliomielitis y tener que enfrentar limitaciones físicas en medio de una familia dedicada al deporte.
Limitación familiar
La segunda limitación de Lea era familiar. Su padre, Labán, era un hombre ambicioso,
su motivación en la vida era el dinero. Su amor por los bienes materiales lo llevó a
hacer negocios con sus hijas. Labán lucró con el amor que Jacob sentía por Raquel y
lo engañó entregándole primero a Lea. Fue así que Jacob debió pagar una nueva dote de
siete años de trabajo para poder casarse también con Raquel, la mujer a quien él amaba
de verdad. Labán utilizó a su hija, Lea, para lograr un rédito económico.
¿Cuántas veces utilizan los padres a sus hijos para satisfacer sus necesidades económicas
y emocionales?
Abusos de todo tipo llevan a muchos hijos a preguntarse por qué justo a mí
me tocó nacer en esta familia. Trabajo precoz, abusos emocionales y sexuales son algunos
de los obstáculos que muchos jóvenes encuentran en sus propios hogares.
Limitación afectiva
La tercera limitación que frena la realización de los sueños de Lea es de carácter afectivo:
Lea amaba a un hombre que no la correspondía y "era menospreciada" (v.31). Su esposo Jacob
estaba enamorado de Raquel y pagó por ella siete años más de trabajo. La única mujer a quien
Jacob amaba era la hermana menor de Lea. Nada de lo que Lea hiciera cambiaría los sentimientos
de su esposo.
Limitación en el amor
La cuarta limitación de Lea y quizás la que podría haberla vencido para siempre en su lucha
por ser feliz es la frustración. Continuamente, Lea fallaba en sus intentos por ganar el amor
de su esposo. Ella fracasaba aún apoyándose en la única ventaja que tenía sobre su hermana,
la de poder darle hijos a Jacob. Por más sacrificios que hizo, por más hijos que le dio a
Jacob, él nunca se enamoró de ella.
¿Cuántos sentimientos podrían invadir a una persona tan limitada y frustrada como Lea? Envidia,
celos, rencor, odio, lástima...
¡Nada de eso llenó el corazón de Lea! Cada hijo que Lea concibió fue motivo de alabanza y
adoración a Dios. Ella alabó a Dios en vez de cuestionarlo.
Cuando somos capaces de transformar los sentimientos negativos en adoración, Dios se pone en
acción. Génesis 30:11-12 nos muestra una mujer llena de gozo y alabanza a pesar de no haber
logrado vencer los obstáculos. Lea rechazó transitar el camino de la queja y eligió luchar
con alegría y alabanza. Dios se hizo presente en medio de su dolor dándole sentido a su vida
a pesar de no alcanzar el sueño del amor de Jacob. Se gozó en la lucha y no en los resultados.
Vencer los límites no le dio felicidad, sino reconocerlos.
Alex Chiang nos invita a dejar de buscar la felicidad en aquellos sueños imposibles de conseguir. Lea se reconoció feliz cuando alabó a Dios. Cada hijo era un motivo de
agradecimiento y alegría para su vida.
Reconocer las propias limitaciones, aceptar la adversidad con alabanza y acción de gracias
permitirá que Dios le dé sentido a nuestras vidas.
Alex Chiang es pastor de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera de Pueblo Libre, Perú.
Colabora como conferencista para la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangelicos y
para el Instituto Haggai.
* Conferencia dada en el Encuentro Nacional de ABUA 2005.
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