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1. Sé
honesto con Dios. Reconoce
que los pensamientos lascivos que te llevan a
la masturbación son un pecado contra Dios.
Sé honesto en cuanto a tu pecado y pide
que seas limpiado y decide dejarlo.
2.
Planta una estaca. Una
estaca es un punto fijo que marca
el comienzo de un viaje. Decide si quieres complacer
a Dios más de lo que te quieres complacer
a ti mismo y decídete a hacer tuyas estas
palabras: Andad en el Espíritu, y
así jamas satisfaréis los malos
deseos de la carne (Gálatas 5:16).
3.
Enchúfate al poder. Reconoce
que no puedes ganar esta batalla con tu propio
poder Sólo por medio de Jesucristo viviendo
en ti puedes cambiar tus deseos y hábitos.
Empieza ahora mismo a dedicar cada día
un momento regular y constante con el Señor.
4.
Renueva tu mente. Este
problema empezó en tu mente, así
que deja que Dios te la cambie. La manera en que
Dios renueva tu mente es el compenetrarte en la
Biblia. Es allí donde se encuentran los
pensamientos de Dios. Anhela que los pensamientos
de él sean los tuyos. Lee cada día
un capitulo de la Biblia. Memoriza un versículo
por semana.
5.
Enfoca tu vista. Aparta
tus ojos de cualquier cosa que te estimule sexualmente.
Es obvio que no puedes vivir en un monasterio,
así que tus ojos verán objetos sexualmente
estimulantes. Pero no sigas mirándolos,
especialmente los materiales pornográficos,
las novelas de TV o las películas no aptas
para menores.
6.
Controla tu cuerpo. Cuando
sientes que tu cuerpo va a explotar si no te alivias
un poco de la presion sexual, manténla
bajo control por medio del ejercicio físico,
haciendo el bien a otros, o dedicándote
a actividades físicas divertidas (como
andar en bicicleta o jugar al baloncesto).
7.
Sincérate con un amigo. Pidele
a alguien de tu mismo sexo, que sea espiritualmente
maduro, que te haga rendir cuentas de tus actos.
Consigue que te pregunte regularmente si estás
evitando la lascivia.
8.
Evita las situaciones tentadoras. No
mires una segunda vez a la persona vestida sensualmente,
y no leas revistas ni mires programas en TV o
en el internet que te estimulan sexualmente, Manténte
en guardia cuando estás solo, especialmente
donde es fácil sentirte tentado.
9.
Sigue adelante a pesar de tus fracasos. Si
fracasas, no te desanimes. Te llevó tiempo
formar este háhito, te llevará tiempo
quitártelo. Si caes, no te revuelques en
el polvo: más bien levántate, sacúdete
el polvo por medio de confesar inmediatamente
tus pecados y de recibir, por fe, el perdón
de Dios. Pero no te acostumhtes a aceptar trivialmente
tus fracasos.
10. Empéñate
en la victoria total. No
tienes que pecar. No tienes que dejar que el radiador
se recaliente. Al ofrecerte a Dios (en lugar de
ofrecerte al pecado como instrumento de maldad),
tu energia sexual se canalizará para hacer
de ti un hombre o mujer poderoso para Dios. Confía
en Cristo. Obedécele. El te dará
la victoria.
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