El otro día
sucedió algo en la juguetería (allí donde trabajo)
que me
ayudo a comprender aun mejor nuestra relación con Dios.
Entro un niño que calculo que tendría 7 u 8 años
no mas, acompañado de la mamá quien me preguntó
por unos autos de colección que vendemos, así que, sin
aun haber reparado
en el niño procedí a mostrárselo sosteniéndolo
en mi mano, entonces ella
le dijo al niño miró y amagando a querer tomar el auto
en sus manos
empezó a tocarme el brazo. Dentro de mí decía:
¿Tanto le erró al auto?-
Y fue ahí cuando al mirarlo a los ojos me di cuenta de que
no era vidente (aunque después de lo que paso ese día
no me animaría a decir
que tiene otra forma de mirar).
Él siguió tocando el auto por todas partes, metiendo sus
deditos en las ventanillas, etc.
Lo mismo hacia con todo lo que estaba cerca de él en la juguetería.
Con
sus manos extendidas tocaba todo y me iba preguntando que era cada cosa.
Pero lo que me impacto fue que en un momento la mamá le dijo:
¿Mira que no vamos a comprar nada?
y él respondió:
-¡No, ya se, estoy mirando!- con total naturalidad.
Eso me hizo pensar que entonces hay más de una forma de mirar.
Y también hacerme varias preguntas como cuánto tiempo
le habrá tomado a este niño aprender a mirar de esa manera,
con sus manos, con sonidos, con lo que siente?
¿cómo haría para saber como es su mamá,
si tal vez nunca ha visto?
Y la respuesta vino enseguida, "La miraría con el corazón",
tomaría todas
las palabras dulces que ella le dice, todas las caricias que él
le ha dado
tratando de percibir como es su rostro, recordaría todas las
noches cuando
él con miedo era confortado por su presencia y plasmaría
todo eso como
una imagen en su corazón. O sea a través de todo
lo que ella es y de lo que le ha dado.
Esto me hizo ver que muchas veces también Dios nos quiere mostrar
cosas
que no imaginamos. Ese es el objetivo de el Espíritu Santo, ayudarte
a escuchar la voz de Dios, a ver mas allá de los que otros no
pueden ver, a sentirlo de una manera que nunca percibiste. Porque sin
duda cuantas veces quisimos que Dios abriera el Mar Rojo delante de
nuestros
ojos para presenciar un milagro, o que nos hiciera caminar sobre las
aguas
como lo hizo con Pedro para tener fe en El, o mejor aun que nos diera
una
señal haciendo descender fuego del cielo como lo hizo con Elías.
Pero ¿Cuántos Mar Rojo ha abierto Dios en nuestras vidas
dándonos la salida
cuando no la encontrábamos? ¿O cuántas veces nos
trajo hacia Él haciéndonos
caminar sobre las circunstancias cuando los demás no se animaban
a hacerlo?
¿Y qué tal de las veces que envío su ayuda del
cielo haciéndonos saber que
estaba con nosotros?
Sin duda alguna, Dios habla, solamente hay que aprender a conocer su
voz,
a valorar los detalles y poder oírlo cuando los demás
no lo hacen.
Seguramente al niño de la juguetería le habrá tomado
algún tiempo llegar
a mirar el mundo con "otros ojos" para poder llegar a decir
-¡solo estoy
mirando mama!.
¿Llegara el día cuando sin importar como Dios nos hable
sea tan sencillo
para nosotros oír Su voz como para decir: ¡Solo te estoy
escuchando, Papa!!!
Creo que sí.!
Dios habla, solo es cuestión de aprender a escuchar.
Por Roberto
Sanchez