Hola mi nombre es Emmanuel y vivo en una ciudad pequeña en el estado
de Sinaloa, México.
Mi anécdota es algo simple pero me doy cuenta de cuan involucrado
esta Dios en lo que nos pasa.
Estaba por terminar mi preparatoria cuando en el salón veía a muchos
pedir permiso a los prefectos para sacar algo que piden aquí
en México, y es la precartilla. Para después hacer un servicio
militar nacional obligatorio. Eramos casi los últimos y unos compañeros
y yo fuimos al centro de la ciudad donde estaban instaladas las oficinas.
Desde el principio se me había olvidado llevar fotos que era uno de
los requisitos. Y cuando las tuve me dijeron que tenía el pelo demasiado
largo, ¡tuve que cortarmelo!. Para esto en la escuela no creían
tanto permiso para la mismo y hasta dudaban, pero bueno, el buen Dios
nunca se olvida de nosotros.
Saque mi precartilla y todo salió bien. Después me gradué
de la prepa e ingresé a una universidad local. Ahí, en
el primer trimestre de la carrera algunos amigos-conocidos, habían hecho
lo mismo ya.
Para definir quienes hacían tal servicio se hace un sorteo
con duración de casi un año.
Llego el día, y fue en una cancha de basket de la localidad donde
un niño con mano santa sacaba bolas con cierto numero de bolas negras(70%)
y bolas blancas (30%). Empezó todo y sentado escuchaba algunos
gemidos y reproches al ver algunos suscritos sacar bolas blancas y saber
que harían el servicio. Sobre entendiendose que los que sacaban bolas
negras no lo hacían.
No escuchaba mi nombre, los que al último se escribían en el
padrón de inscripción de precartillas era los primeros
que nombraban y por supuesto con mayor probabilidad que hicieras el
servicio nacional.
Escuche mi nombre, estaba sentado ansioso por saber que salía,
ya tenia rato que salían puras bolas negras, la gente se enojaba
de que no salían las blancas. Y de repente escucho -Emmanuel
Oswaldo Guevara Tisnado, ¡Bola blanca!-. Eche una mentada que ahora
me arrepiento haberla dicho. Pero bueno, eso no fue todo.
Con fecha próxima al sorteo nos citaron en una escuela preparatoria,
pues el plan nuevo del servicio militar consistía en impartir
clases a los que no hubieren terminado ni su primaria, ni secundaria.
Estando ahí ese primer sábado no hubo nada, nos formaron
y nos regañaron hasta que se cansaron. Vi como maltrataron a un profesor
que me daba clases en la universidad pues era remiso (personas que nos
sacaron su precartilla en el año que debían haberla sacado. Bueno hubo
muchos cosas distintos.
Casi al llegar la tarde de ese primer Sábado y salir de ahí.
Nos citaron para el siguiente.
Llego ese día. Yo todavía no lo sabía pero Dios tenia preparado
algo que ahora sé fue maravilloso. Nos formaron y empezaron a gritar
apellidos. Todos ahí. éramos bolas blancas. Pero a los
que estaban nombrando serían los elegidos finales. Yo no estuve en los
mencionados, pero aun así nos citaron al siguiente Sábado.
Ese Sábado estábamos muchos felices de no haberlo hecho.
Me encontraba entre los que apenas había conocido.
Pasaron lista por última vez y dos de los que ya habían nombrado faltaron.
El grupo en donde estaba platicando al saber que elegirían al
azar dos mas. Se desparramo cada quien agarrando rumbo diferente. Yo
y un amigo, o lo era. Estábamos en primera fila y dimos sigilosamente
media vuelta, pero llevábamos medio camino cuando un soldado
de alto rango grito, -¡A ver ustedes que se están llendo denme
sus nombres!- o algo por el estilo. Así fue como no me salve
de hacer el servicio militar nacional.
Río al acordarme pues fue de la manera mas chusca que pude haber
vivido. Pero bueno, así fue como serví de maestro a varios,
de los cuales terminaron su secundaria unos cuantos y me alegro por
ello.
Es una anécdota que se dice: Que no te pase. Pero recuerda
una cosa. Si Dios te tiene predetermido para algo, nunca le hagas el
feo, nunca de los nuncas. Recuerda que es quien guía nuestras
vidas y nuestros corazones.
Que dios los bendiga. Y Oren, esa es mi recomendación, para que ahora
si ¡Que no te pase!.