Una iglesia
necesitaba comprar un lugar para reunirse, y lo único que
encontraron era un galpón que funcionaba como discoteca
bailable.
Resulta que los antiguos dueños dejaron un loro olvidado
en una viga del
salón.
Entoces, el domingo, temprano, llega el pastor de la iglesia,
y el perico
dice: "¡Dueño nuevo, dueño nuevo!".
Un poco más tarde llegan los diáconos, por lo que
el loro pronuncia: "¡Mozos
nuevos, mozos nuevos!".
Finalmente, a la hora de la reunión, entra el resto de
la congragación, y se
escucha: "¡La misma gente, la misma gente!".
Otro:
Un "creyente"
llamado Juan está en la reunión, y al llegar el
momento de la
ofrenda, se da cuenta de que no había traido dinero. Entoces,
dice enojado:
"¡Pero, este diablo me hizo olvidar la plata!"...
Al rato, se anuncia la
lectura de la Palabra de Dios, y Juan se da cuenta de que tampoco
la trajo.
Dice: "¡Pero, este diablo me hizo olvidar la Biblia!"...
Resulta, que en todas las reuniones ocurría lo mismo, Juancito
olvidaba la
Biblia y la ofrenda...
Un domingo, cuando Juan está saliendo de su casa, siente
que alguien lo toca
de atrás. Se da vuelta, y encuentra al mismísimo
diablo. Éste le dice:
"¡Inmediatamente vas a buscar la plata y la Biblia,
y no me echás más la
culpa!"
(Estos
cuentos son algo reflexivos, como se habrán dado cuenta)
Enviado por Igor Elías Surenian