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Un grupo
de ranas viajaba por el bosque y de repente, dos de ellas cayeron en un
hoyo profundo.
Todas
las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuán hondo
era el hoyo, le dijeron a las dos ranas que, para efectos prácticos, se
debían dar por muertas.
Las
dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron
tratando desaltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.Las otras ranas
seguían insistiendo en que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente,
una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.
Ella se desplomó y murió.
La otra
rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la
multitud de ranas le gritaba que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera
a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente
salió del hoyo.
Cuando
salió, las otras ranas le preguntaron: ¿No escuchaste lo que te decíamos?
La rana
les explicó que ella era sorda, y pensó que las demás la estaban animando
a esforzarse más y salir del hoyo.
Ésta
historia contiene dos lecciones:
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La lengua tiene poder de vida y muerte Una palabra de aliento compartida
a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarle y finalizar
el día.
-
Una palabra destructiva a alguien que se encuentre desanimado puede
ser lo que acabe por destruirlos.
Tengamos cuidado con lo que decimos. Hablemos de vida a
aquellos que se cruzan en nuestro camino. El poder de las palabras es
tanto, que a veces es difícil de comprender que una palabra de ánimo pueda
hacer tanto bien. C
ualquiera
puede hablar palabras que roben a los demás el espíritu que les lleva
a seguir en la lucha en medio de tiempos difíciles, en especial, es el
individuo que se da tiempo para animar a otros.
Enviadas
por: Mariela Stigliano, de Capital, Argentina
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