Con el Corazón en Blanco

Mi nombre es Jorge Luis Torrealba, soy venezolano. Tengo 21 años. Asisto a la Iglesia Bautista Emanuel, en Caracas. Me interesa participar en el concurso, en la sección de Poesías y demás, pero no con una poesía sino con un demás... Un pequeño cuento. Espero que si no gano al menos lo entiendan, lo disfruten y les sea de bendición.

Chaito pue´. Jorge L. Torrealba

Quise ser ermitaño para olvidar. Subiendo la montaña más alta conseguí a otro hombre que, como yo, quiso olvidar. Mas sin embargo, solo consiguió que lo olvidaran a él.

Cargaba yo maderos para construir una casa que habitar cuando él, sentado sobre una roca ubicada al filo de un despeñadero, me llama. Deje mis cargas a un lado y con temor me le acerque.

Sin saludos, sin presentaciones, él comenzó a hablar. "Si viniste a olvidar "... Dijo... "este no es el lugar". Y yo le pregunte: "¿Que lugar es este?". Y él contestó: "Aquí vienes a dejar de soñar, a vivir la realidad. Aquí no olvidas, recuerdas. Aquí no odias, amas. Aquí no ríes, lloras. Aquí eres hombre y dios. Esta es la tierra donde el guerrero es pacificador, donde nacen las rosas y mueren los dragones. Aquí es a donde los caballeros escapan de los príncipes. Aquí se acaba el camino, al menos que regreses".

"No puede ser. Este no es tal lugar". Grité.

"¿Por qué te sorprendes?, ¿esperabas acaso que este fuese otro lugar?". Contestó y agregó después: "El lugar que esperas encontrar no existe,
jamas llegaras allí, porque yo lo destruí la última vez que estuve donde deseas estar".

Me enojé y comencé a vociferar: "¿Qué has hecho?, ¿sabes lo que eso significa?. Ya no puedo, entonces; olvidar, odiar, llorar, destruir, mentir, y tantas otras cosas más". Caí a tierra sobre mis rodillas, con el rostro empapado en lagrimas.

La tarde inició su muerte y el sol comenzó a desfallecer. Era el momento del ocaso. El hombre no detuvo mi llanto, sino que dirigió su mirada a la ciudad que era contemplable desde la roca donde estaba sentado. Abriendo su boca, pronuncio: " Yo vine aquí por el mismo motivo que te trajo". Hizo una pausa mientras me enjuagaba los ojos y continuó: "Quitaste el sello de tu boca para expresarte. Hiciste lo que se te enseñó. Tus labios dieron paso a las palabras que explicaban lo que tu corazón sentía; amor. Pero, esto fue como arrojar perlas a los cerdos. Mas no te molestaste. Amaste con más fuerza, a pesar de la incomprensión. Nadie supo leer tu alma como lo hago yo ahora, en cambio recibiste malos tratos, insultos, bofetadas y hasta pedradas. Inclusive, por abrir la boca, un príncipe a puesto precio alto en moneda de oro sobre tu cabeza; y tu, para no condenar tu morada, emprendiste la huida hasta aquí. Tus heridas sanaran, es eventual. Pero joven, ¿qué harás cuando esto suceda?".

"Loco, ¿quién eres tu para que yo te rinda cuentas de lo que haré?, ¿acaso eres enviado del príncipe?, ¿o es que tu vida cambiará por saber lo que el futuro me reserva?, ¿pretendes copiar mi porvenir y así aliviar tu dolor?".Le replique con enojo y sarcasmo.

Calmadamente, sin molestarse, volvió a conversar: "Si imitase yo tu vida ¿qué me libraría de no imitar tus malos pasos?, ¿te consideras digno ser imitado?. Yo lo dudo, pues de ser así no estuvieses en este lugar escuchándome". Señalando la ciudad, me confesó: "Yo también he dejado mi sentir. En aquella ciudad vive la persona la cual ganó mi corazón. Pero, como tu, tampoco yo fui comprendido. Y hubo un príncipe que no dio tregua a segundas oportunidades, porque su espíritu fue como espíritu de egoístas y pensó injustamente. Él quería lo que yo quería y para evitar peores conflictos me aleje a estas montañas. Mas abajo, en mi ciudad, el príncipe colocaba precio al alma de quien en mi pensara. Todo esto me destrozó el alma porque el príncipe salió de mí y mi amada se doblega a su voluntad. Ya no soy portador de sentimientos que con palabras sean explicables. Y por ahora el corazón lo tengo en blanco, como las páginas de un libro que no
ha sido escrito".

Me sorprendí de su relato por ser idéntico a la historia que sobre mis espaldas reposaba, pero una pregunta asaltaba mi mente: "¿Era egoísta aquel príncipe por amar? ¿entonces eras tu también egoísta por amar igualmente?".

"No intentes justificar tu egoísmo a través de mí. Yo deje que él amara para demostrar que yo tengo el poder de manifestar mayores sentimientos". Me dijo.

Apenado y sin poder observar su faz, le hable: "Eres digno de ser llamado maestro porque tu boca confiesa las verdades de las almas dolidas. Luego de un minúsculo silencio le pregunte: "¿Qué harás en tu mañana?".

Respondiéndome con paternal ternura expuso: "¿Acaso crees que debo ser imitado?. Te contestaré. Medito y busco dentro de mí, al Dios que coloca todo los corazones rebosantes de sentimientos inexplicables los cuales siempre han sido los más preciosos. Y cuando mi corazón este lleno, volveré para reclamar lo que me pertenece".

Esto último me confundió y le volví a interrogar: "¿Qué es lo que te pertenece?". Y él dijo: "El reinado de esa ciudad que abajo escapa de la oscuridad". Luego, y antes de que yo pudiese articular frase alguna prosiguió diciendo: "Muchacho, has dado el primer paso para experimentar sentimientos reales. Has llegado hasta acá con el corazón en blanco. Siéntate en esta roca y busca en ti las fuerzas con que se te envió a tu mundo, y prepara tu alma porque tal vez volverás a tu mundo a reclamar un reinado que tus ojos me dictan que desconoces". Él se puso de pie y me hizo un espacio en la roca donde felizmente me postré.

Todo lo que me enseño en ese atardecer refresco mi ser. Y movido por la curiosidad quise saber la identidad de este viejo hombre: "¿Quién eres?".

"Tu lo has dicho, el que es digno de ser llamado maestro. Un titulo que se te otorga cuando te comportas como un hombre humilde y no humillado, aunque así te quieran ver". Argumentó.

E insistí: "¿Quién es usted, Maestro?".

Se dejó escuchar una risa picara encerrada entre labios y, con la mano sobre mi hombro, murmuro: "Jesús".
 

Enviadas por: Jorge L. Torrealba de 21 años
Es de Venezuela y asiste a la Iglesia Bautista Emanuel, en Caracas.