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Una
Generación de Cambios
Autor: Cristian
Hooft
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un joven con necesidades parecidas
a las que muchos tenemos hoy.
Necesitaba un modelo y desarrollar un sueño.
Su padre natural, el rey, no era un ejemplo para seguir.
Transó con potencias extranjeras entregando las riquezas
de su patria, levantó templos a dioses paganos, anuló
el culto a Dios. Era el ejemplar de una clase política
que había devastado la nación. Sin embargo,
este joven, su hijo, quería ser un
hacedor de historia. Él quería ver
cómo su país se levantaba de las cenizas.
No se conformaba con ser uno más. No estaba
dispuesto a aceptar la corrupción como manerade llegar
alto. ¡Pero necesitaba un padre, un
mentor, un modelo!
Se trata de Ezequías, que con
25 años, tuvo que decidir su propio
destino, y eligió. Dice la Biblia, en 2 Reyes 18:1-3,
que a pesar de
ser hijo de Acaz, rey de Judá, el decidió
que David fuera su padre, su modelo, su mentor. Tuvo
que hacerse cargo de su país, y decidió cambiar
180 grados la manera de gobernar. Su sueño era ver
la nación restaurada, reconciliada, próspera,
libre del yugo de potencias extranjeras, libre de la idolatría,
adorando a Dios. Sabía que el pasado no era la opción.
No sería fácil, pero tampoco imposible.
El valor de su sueño justificaba el esfuerzo y el
riesgo.
Una generación de cambios
Dios nos pone hoy en la encrucijada, como
la generación que tendrá que guiar los destinos
de nuestra patria. Podemos mirar al costado, señalar
culpables, desear escapar, pero la respuesta está
en tomar la responsabilidad del futuro que nos toca enfrentar
y abrir un camino donde no lo hay. Claro, ¿y el modelo?
¿y la guía? Bueno, esta es la pregunta de
los hacedores de historia. Y esto se refiere a todo aspecto
de la vida.
George Bernard Shaw dijo:
"Todos
tienen el mismo cielo, aunque no todos el mismo horizonte",
y
Kennedy dijo también:
"Algunos
ven las cosas que son y preguntan por qué, y otros
ven las cosas que podrían ser, y preguntan por qué
no".
Estos
últimos son los que están dispuestos a romper
límites, tomar riesgos y adelantarse al futuro. Los
que no aceptan un "no" como respuesta.
Sin dudas, estamos ante un cambio de paradigmas. La manera
en que
veamos hoy la realidad, determinará nuestro accionar
hacia el futuro.
La fe en las promesas de Dios nos lleva a
intentarlo, a buscar lo nuevo, a jugarnos por el
cambio, sabiendo de que los modelos de ayer no nos muestran
un futuro diferente al de la actualidad. Necesitamos
con urgencia ese modelo y guía para seguir adelante.
La necesidad de un guiador
La Palabra dice "Desde ahora, ¿no me llamarás
a mí, Padre mío,
guiador de mi juventud?" Dios, que nos hizo, eligió
llamarse Padre
nuestro antes que otro nombre, porque Él
quiere tener una relación personal con esta nueva
generación. Por más que los ejemplos
cercanos que hayamos tenido no fueran los mejores, hay alguien,
un Padre amoroso, que está listo para enseñarnos
y guiarnos, que va delante de nosotros y que se dejará
ver como Maestro. Su Espíritu está
dispuesto a mostrarnos el camino.
Es un Padre que no está interesado en sacar provecho
alguno de su
guía, sino que lo hace por amor. Nunca
sacará ventaja. Es capaz de sufrir para que lleguemos
a nuestro destino de éxito. Su anhelo
más ferviente es vernos haciendo esa nueva historia.
¡Nuestro Padre va a ayudarnos a que lo logremos!
¡Confiemos nuestro futuro en Él y démosle
para adelante! Peleemos por lo que va a nacer, lo que nadie
hizo antes, lo que marcará nuestra vida y la de otros.
¡Aceptemos hoy la guía de nuestro Padre Dios!
El nuevo país de Ezequías
Este joven entendió el destino profético para
la nación. Su sueño era el
sueño de Dios. Su país no podía
estar en esclavitud porque había sido diseñado
libre. Había promesas divinas. El pacto que haría
con Dios marcaría esa nueva historia.
El modelo que propone Dios como Padre y Guiador incluye,
sin dudas, el desafío de cambiar los fundamentos
y las formas, involucra un cambio de ideas, y da por sentado
un cambio de políticas.
El
fundamento, la piedra angular, es el ejemplo de
Jesús. Un carácter, un modelo humano
y divino, el ejercicio de las
palabras prometidas, el cumplimiento de los principios morales,
el
trabajo por el bienestar de la gente, el desarrollo de los
marginados, una justicia ejercida en el temor de Dios, y
sobre todo
la guía y dirección de la Palabra divina en
las decisiones nacionales. Esto dará como
resultado leyes justas y gobiernos íntegros.
Claro, es necesario que haya "Ezequias" que se
levanten y ocupen los
lugares de liderazgo y digan: ¡"Nosotros
tenemos `otro' modelo, no el de Acaz, el de David!"
Christian Hooft es pastor de jóvenes
y abogado. Vive en Mar del
Plata. Está casado con María José y
tiene dos hijos, Julieta e Ian.
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