|
Yo solía tener excusas, sobre mi vacilante vida
de oración. No tengo ningún buen modelo
de oración perseverante. Además,
tengo demasiadas responsabilidades de las cuales hacerme
cargo, de modo que no creo que encuentre el tiempo necesario
para orar
Sin embargo Dios me convenció que no estaba
siendo honesto conmigo mismo. La verdadera razón
de que mis oraciones fueran débiles era que mi
fe era débil. Yo no creía en mi corazón
que Dios pudiera hacer algo respecto a todos los problemas
que me rodeaban. Admitírselo a Dios fue un momento
muy vergonzoso, pero también reparador.
Decidí que no quería quedarme en esa
situación. Abrí la Biblia y tomé
nota de casi todos los pasajes que enfatizan el poder
de Dios y me convencí que efectivamente esos
hechos habían tenido lugar en la historia, no
en la mitología.
|
No obstante, una cosa es estar convencido de
que Dios ha mostrado su omnipotencia en la historia
y otra distinta es apropiarme de esa doctrina
para mis problemas y preocupaciones de hoy. Para
que esto suceda debo creer que Dios no cambia.
¡Dios puede! la Biblia repite esas palabras
una y otra vez. Así como Dios imprimió
esa verdad en mi corazón, yo he grabado
esas palabras en un trozo de madera que coloqué
al alcance de mi vista cuando me arrodillo a orar.
Es un recordatorio valioso para mí, porque
es un ejercicio inútil orar sin estar convencido
de que Dios es capaz de responder.
Un guerrero de oración es
una persona segura de que el Señor tiene
poder para hacer cualquier cosa, para cambiar
a cualquier persona y para intervenir en cualquier
circunstancia. Cuando alguien realmente cree se
niega a dudar de Dios.
Sería necio no aceptar la invitación
de Dios: Codiciáis y no tenéis;
matáis y ardéis de envidia y nada
podéis alcanzar; combatís y lucháis,
pero no tenéis lo que deseáis, porque
no pedís (Santiago 4.2).
|
|
Cuando usted responde a la invitación de Dios,
los milagros empiezan a ocurrir. Se asombrará
ante los cambios que habrá en su vida en
su matrimonio, en su familia, en su trabajo, en su salud,
en su ministerio, en su testimonio una vez que
esté convencido en lo profundo de su ser de que
Dios está dispuesto, de que es capaz, y de que
lo ha invitado a venir ante su trono a presentarle sus
plegarias.
|