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¿Dónde cabe la suave y apacible
voz de Dios en nuestras enloquecidas vidas? ¿Cuándo
le damos a Dios la oportunidad de orientarnos, guiarnos,
corregirnos y afianzarnos? Y si esto nunca o casi nunca
sucede, ¿Cómo podremos tener una vida auténticamente
cristiana?
El cristianismo auténtico no consiste en aprender
un conjunto de doctrina y luego acoplarse al ritmo del resto
de la gente que marcha en la misma dirección. Tampoco
se resume en el servicio humanitario hacia las personas
más carenciadas. Es un peregrinaje, una caminata
sobrenatural con el Dios vivo y activo que se comunica con
nosotros. Por lo tanto, la esencia de la vida cristiana
radica en aprender a escuchar la voz de Dios y adquirir
el coraje necesario para hacer lo que él nos dice.
Los cristianos auténticos son personas que se distinguen
de los demás, aun de otros cristianos, en que parece
que tuvieran el oído sintonizado a una melodía
con ritmo diferente. Su carácter parece más
profundo, sus ideas más frescas, su espíritu
más blando, su coraje más grande, su liderazgo
más fuerte, sus intereses más amplios, su
compasión más genuina, sus convicciones más
definidas. Son personas que viven con gozo a pesar de las
circunstancias difíciles y muestran una sabiduría
poco común a su edad.
Los cristianos auténticos siempre nos sorprenden.
Cuando usted cree que ya los ha definido con toda precisión,
descubre que son impredecibles. Si está cerca de
ellos, se siente un poco descolocado, porque no se sabe
qué esperar. Con el tiempo, sin embargo, comprobará
que sus ideas y sus acciones resultan confiables.
Eso se debe a que los cristianos auténticos tienen
una relación fuerte con el Señor, una relación
que se renueva día a día. Como dijo el salmista
acerca de las personas piadosas: En la ley de Jehová
está su delicia y en su ley medita de día
y de noche. Será como árbol plantado junto
a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su
hoja no cae, y todo lo que hace prosperará
(Salmo 1.2-3)
Lo que produce inquietud es que pocos cristianos alcanzan
este nivel de autenticidad: la mayoría de ellos está,
sencillamente, demasiado ocupada. El máximo enemigo
de la verdadera espiritualidad es el activismo, que está
muy ligado a algo que la Biblia llama mundanalidad : es
quedar atrapados en el proyecto, las metas y las actividades
de este mundo y descuidar el andar con Dios.
Por donde lo busquemos, un ingrediente clave del autentico
cristianismo es el tiempo. No el tiempo sobrante o el que
no podríamos aprovechar de otra forma, sino el tiempo
de calidad. Tiempo para la contemplación, para la meditación
y para la reflexión. Tiempo sin apuro y sin interrupción.
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