| Una
de las escenas de la vida de Jesús que mas me
intrigan es precisamente
cuando después de haber ministrado por 3 años,
después de haber hecho
muchos
milagros y tener muchos seguidores, después de
haber hecho declaraciones
sobre como se debía de vivir la vida y sobre su persona,
está colgado en
una
cruz, solo, golpeado e inocentemente acusado. Sus seguidores
ya no están.
Sus amigos huyeron. Sus discípulos de lejos lo
observan para no
comprometerse demasiado. Gente que había visto sus
milagros, que habían
oído
sus enseñanzas, que habían visto a un Jesús
no lejano, sino como amigo,
ahora están lejos, listos a regresar a las redes
o a cualquier otra
actividad que hubieran dejado antes de conocerle.
Después de haber padecido todo el calvario, por ultimo,
Jesús exclama
algunas de las que fueran sus ultimas palabras en la
cruz "Dios
mío, Dios
mío, ¿porque me has desamparado?".
Me imagino que el sentimiento de
soledad
en ese momento a de haber sido casi insoportable.
Sin embargo, Jesús nunca negó ninguna
de las declaraciones que hizo ni
mostró arrepentimiento por su ministerio. A pesar
del sentimiento de
soledad, Él sabia quien era su Padre y quien era Él.
El sentimiento de
soledad era simplemente eso: un sentimiento.
Cuando estudiaba en la escuela bíblica, mi esposa
y yo conseguimos un
trabajo en una pequeña compañía telefónica.
Nuestro trabajo era conectar
llamadas por cobrar tanto en ingles como español.
Un 70 % de las llamadas
que llegaban eran en español.
El dueño de la compañía era un
hombre blanco, Texano 100% que no hablaba
ni
pizca de castellano. Se corrían rumores de que a él
no le gustaba que
habláramos ni una sola palabra de este idioma
entre nosotros a menos que
no
fuera con los clientes.
Se nos empezó a presionar para que no habláramos
ni a la hora de la comida
ni en nuestros descansos. Un día nos llego un escrito
que teníamos que
firmar donde decía que nosotros estábamos
de acuerdo en dejar de hablar
español cuando estuviéramos en las instalaciones
de la compañía y en caso
contrario estábamos despedidos. Todos nuestros compañeros
eran mexicanos
bilingües.
Todo mundo empezó a renegar por la injusticia
que se estaba haciendo. La
opción era, firmar aceptando dejar de hablar el idioma
y así asegurar un
cheque semanal o no firmar y ser corridos inmediatamente.
Haciendo caso a nuestra conciencia, sabiendo que lo
que la compañía estaba
haciendo iba en contra de nuestra persona y nuestros
derechos, mi esposa y
yo decidimos no firmar dicho documento. No pasaron muchos
minutos cuando
regreso el mismo dueño de la compañía
a decirnos que estábamos despedidos.
Solo cuatro dentro de toda la compañía no firmamos.
Al salir de ahí habíamos
que el pago de la escuela, el pago de la renta y de
todos los demás pagos
estaba por venir y estábamos dejando nuestra única
fuente de ingresos de
ese
entonces.
Solo recuerdo el raro sentimiento que me sobrevino.
Era una extraña mezcla
entre soledad y el placer de saber que hicimos lo correcto
a pesar de las
consecuencias.
Era el sentimiento, creo yo, de pagar el precio. Un
sentimiento que con el
tiempo he experimentado mas de una vez en diferentes áreas
tanto en mi
vida
personal así como en el ministerio. Una semana después
Dios nos abrió las
puertas en otro trabajo donde estuvimos hasta terminar
la escuela.
Lamentablemente para nosotros, la verdad tiene un precio.
Cualquiera que
quiera vivir en ella y por ella sabrá que la oposición
es mayor que los
que
corren hacia este rumbo.
Siendo Jesús mi máximo ejemplo, no puedo
negar el hecho de que otros han
pasado por el mismo proceso durante la historia. De
los 12 que le seguían,
10 de ellos murieron por la misma causa a manos de sus
acusadores. Después
de ellos, muchos mas han dado su vida por la verdad.
La historia esta
pavimentada de la sangre de aquellos que han decidido
pagar el precio por
ella.
Todos en la vida tenemos un sentido de "la verdad".
Todos en determinado
momento sabemos que es verdad y que no dentro de una
situación.
O si lo
ponemos en otros términos, sabemos lo que esta
bien o esta mal hacer
dentro
de una determinada circunstancia.
Muchas veces, el querer hacer valer la verdad nos deja
solos, golpeados y
casi en "la cruz". Lo único que nos
mueve es saber, que la verdad
trasciende
mucho mas allá del dolor y de la misma muerte. Como
ejemplo esta Jesús.

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