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Qué pensarías
de alguien que se pusiera a construir un transatlántico
en la puna, o de un israelita que fuese a la capital de Irán
a decirles a sus habitantes que se arrepientan de sus ataques
terroristas? Locos, ¿no? Sin embargo, hubo casos en que ciertas
personas hicieron algo similar en cumplimiento a la orden
que habían recibido de Dios. Así, Noé
construyó un barco en medio del desierto, y Jonás
les fue a predicar del arrepentimiento a los enemigos de su
pueblo. ¿Una locura?
Escuchando a Dios
Nuestro grandioso
Dios, al que en no pocas oportunidades tratamos de encerrar
en el frasco de lo posible o en la lata de lo lógico,
muchas veces nos pide cosas que se oponen totalmente a nuestras
expectativas o a las que los demás tienen de nosotros.
Revisemos un
poco algunas historias que tenemos en la Biblia:
Éxodo 13-17-14-18
Dios llamó
a Moisés a rescatar a su pueblo de Egipto, y asoló
esa tierra con las plagas. Los israelitas tomaron rumbo hacia
el mar, y Moisés sabía que el faraón
los podía seguir. También sabía que el
camino que Dios le había trazado terminaba en un mar.
Era una locura llevar a todas esas familias hacia ahí.
Las lanchas inflables todavía no existían, y
el faraón venía por la retaguardia. Sin embargo,
Moisés obedeció, y el mar se abrió. El
pueblo de Israel pasó a través de tierra seca,
y el ejército egipcio quedó aprisionado por
las aguas del Mar Rojo, que se cerraron sobre ellos.
Génesis 22-1-17
A Abraham le
había costado muchísimo tiempo tener ese hijo.
(Dios mismo le había prometido que iba a tener a Isaac.
Abraham y Sara ya estaban peinando canas, y a eso se le sumaba
que ella era estéril, cuando Dios les dio la promesa
de que iban a ser padres de una gran nación.) Y ahora,
Dios mismo le pedía a su hijo. Abraham tenía
que obedecer, y obedeció: subió al monte de
Moriah para ofrecer a su hijo en sacrificio. (Al final, Dios
proveyó otra salida, pero eso es otra historia.) Ahora,
si somos sinceros, a cualquiera que nos contara una historia
similar le preguntaríamos por qué no pide una
doble consulta con un psiquiatra.
El tema que más
me gusta del grupo argentino Rescate es 'Hoy me levanto'.
Habla de Gedeón, juez de Israel en el tiempo en que
este pueblo estaba acosado por los madianitas, nación
pagana que hacía que el pueblo de Dios se escondiese
en cavernas. Gedeón tenía que enfrentarse a
un ejército de 135.000 hombres con sólo 20.000.
Oró a Dios y.. ¿a que no saben qué le contestó?
¡Le dijo que eran muchos! ¿Qué habríamos pensado
si hubiéramos estado en las botas de Gedeón?,
"Bueno, ya fue, esto sí que es una locura".
Después de reducir el número a 1.000, Dios
le dijo: "No, todavía son muchos",
hasta que quedaron sólo 300. Entonces Dios le dijo:
"¡Ahora sí!"
Imaginemos a Gedeón y a los 300 hombres
la noche anterior a la batalla: Seguramente no podían
dormir. Para aumentarles la fe, Dios le dijo a Gedeón
que fuera a escuchar lo que estaban hablando en el campamento
madianita. Resulta que uno tuvo un sueño (que yo hubiera
pensado que más que un sueño era una alucinación)
que hizo que Gedeón, por escucharlo, declarara, antes
de la batalla, que ya los tenían en sus manos (jueces
7). Desde el punto de vista humano era una locura. Pero su
confianza era tal, que no sólo iban a ganar sino que
dieron por sobreentendido ese resultado desde antes. Al día
siguiente, el poder de Dios se manifestó y.. ¡qué
victoria se mandó Gedeón!
¿Estás crazy?
Dios tiene planes
maravillosos para nosotros, pero somos nosotros los que le
cortamos la inspiración. Pensar que nuestros amigos
se van a convertir, que las cosas en casa van a cambiar, que
vamos a lograr esto o lo otro en la iglesia parece una locura.
Es entonces cuando preferimos pisar el seguro pero mediocre
terreno de la lógica.
Algunas veces nos vienen ideas que no sabemos
cómo aparecieron. ¿De dónde vienen? De arriba.
Lamentablemente, enseguida empezamos a analizar si conviene,
si lo sentimos, si es posible, si esto, si lo otro... Ninguno
de los hombres y mujeres de Dios que marcaron la historia
cuestionó si era lógico lo que Dios le pedía.
En ellos sólo hubo un pensamiento: "Heme aquí,
envíame a mí."
Tiempo de locos
Siempre fue una
locura ser cristiano (1 Corintios 1:21), pero hoy parece serlo
más que nunca. Si no, tratemos de explicarle a, cualquiera
en la calle que si viene uno y le pega, no tiene que agarrarlo
a trompadas sino poner la otra mejilla como dijo Jesús
(Lucas 6.29) y hablarle del amor de Dios al que le pegó.
Ciertamente no van a pasar dos minutos antes de que el fulano
sienta deseos de llamar a una ambulancia para que nos internen
de urgencia. Asimismo, si decidís que vas a esperar
hasta casarte para tener relaciones sexuales, entonces te
pinchan con un alfiler para ver si sos de verdad, y mucho
más si tenés cara y hábitos de persona
piola y no de cristianoide del siglo pasado'.
Hablar de amar al enemigo, de perdonar, de
que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no, de
esperar a un Cristo que nos va a venir a buscar, hablar de
un Dios con el que nos relacionamos cada día, soñar
con más logros espirituales que materiales, preocuparnos
por los demás sin esperar nada a cambio, etc., etc.,
es realmente una locura.
En contra de la corriente
Una forma de
evaluar nuestro compromiso con el Señor es ver si causamos
asombro a los que nos rodean. A nuestros compañeros
de escuela, a los chicos del club, a nuestros amigos de la
iglesia, y, por qué no, a los líderes. Al respecto,
una cosa hay que tener en cuenta: ellos no tienen un contrato
de exclusividad con el Señor para recibir visiones.
Animate a contarles tus propias expectativas, las locuras
que pensás que se pueden lograr. Los líderes
necesitamos de ustedes.
Te lo digo por
experiencia. Muchas veces me pasó que los que me rodeaban
pensaban que lo que yo estaba buscando era una locura. Tuve
que aferrarme a lo que el Señor me había dicho,
y las cosas realmente más inesperadas ocurrieron. Más
de una vez me encontré dando por sentado que algo iba
a ocurrir y, cuando pasó, me di cuenta de que había
actuado como un 'loco', y por eso Dios me había contestado.
Recuerdo la noche
anterior al primer Festival Cristiano del Estudiante que iba
a realizarse al aire libre en el sur de Buenos Aires, en un
parque en la localidad de Máximo Paz. Había
asistido a un casamiento, y en cualquier momento iba a estallar
un temporal, lo que significaría tener que suspender
el festival (con el consecuente resultado de perder mucho
dinero, además del desconsuelo).
Varios hermanos de la iglesia ya me consolaban
por la pensión (muchos con la sonrisa típica
que nos ponen cuando algo no nos sale), y yo les contestaba
que estaba todo bajo control y que, de todos modos, se iba
a hacer. Sinceramente, estaba asustado; pero dentro de mí
algo me llevaba a contestar así. Cerca de la iglesia
de la cual era miembro hay un puente peatonal y fui allí,
con una amiga que me había animado mucho. Oramos, debajo
de la lluvia, y en ese lugar tan ridículo sentí
una paz desbordante que me tranquilizó.
Locos por Dios
Llovió
hasta la mañana siguiente. Esa madrugada, el teléfono
no paró de sonar: gente de todos lados llamaba a ver
qué pasaba, y yo les prometía que el festival
se hacía. A las nueve de la mañana el sol salió,
y miles de adolescentes llenaron el festival. Esa noche, llovió
otra vez. Dios había cumplido la palabra que él
me había dado.
¿Cuál
es el tamaño de nuestro Dios? ¿Chiquito, mediano, o
tenemos un Dios de lo imposible que nos da la suficiente fuerza
para que hagamos todo lo posible, y entonces, encargarse él
del resto?
Dios está esperando hijos osados que
se animen a luchar, a ser distintos, y a soñar con
cosas maravillosas y ocultas que tiene reservadas para los
que confían en él.
Protagonistas
Un comediante
dijo una vez: 'Hay tres tipos de personas en el mundo. Los
que hacen que sucedan las cosas, los que miran como las cosas
pasan, y los que, sin acercarse mucho, tratan de imaginarse
cómo ocurrieron."
Estoy convencido
de que la vida cristiana sólo puede vivirse como protagonista.
No podemos pasar nuestra vida sosteniéndonos en lo
que vivieron Moisés, Jonás o Pedro. Ellos dieron
las bases, dejaron su ejemplo y su inspiración, pero
es hora de vivir nuestra propia historia al lado de Dios.
¿Acaso nunca te pasó que escuchás oraciones
o agradecimientos de cosas que le sucedieron a otros y pensás
"Qué bárbaro, pero ¿por qué a
mí nunca me pasa nada así?" Aunque
la vida eterna en el cielo fue un regalo de Jesús en
la cruz, la vida plena acá en la tierra tiene un precio:
Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.
Mateo 16:24
Es fácil
arrodillarse con superficial humildad, y orar: "Señor,
te dedico el 101 % de mi vida a ti" Lo difícil
es no bajarse de la cruz cada vez que la cosa se pone seria
y te tenés que jugar por tus valores cristianos. A
Jesús le gritaban: ¡Bájate de la cruz! ¡A
otros salvaste, sálvate a ti mismo!' Por
otro lado, su cuerpo gritaba: '¡Me duele! ¡Me duele!
Pero Jesús
no se bajó.
La presión
de ser distintos nos grita que nos bajemos de la cruz que
no seamos 'locos', que la vida cristiana es una anormalidad
... Y lo más emocionante es que sí lo es: la
anormalidad más santa, impresionante y realizadora
que puede existir acá en la tierra. Moody, un predicador
incansable, decía:
La convicción de cada creyente no debería ser
solamente 'Dios puede', sino 'Dios quiere usarme';
entréguense y pertenezcan totalmente a Cristo. ¡Que
sus mentes y corazones ardan para él. Y estén
listos para emplear cada oportunidad en su servicio!'
Nos conoce
Un amigo es alguien
que nos conoce muy bien, que sabe bien qué es lo que
podemos dar, a veces mejor que nosotros mismos. Dios, nuestro
creador y nuestro amigo, sabe de toda la fuerza que hay en
nosotros y está esperando que nos juguemos por él.
Señor,
tú me has examinado y me conoces; tú conoces
todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso.
Sabes todas mis andanzas, ¡sabes todo lo que hago!
Aún no tengo la palabra en la lengua,
y tú, Señor, ya la conoces. Por todos lados
me has rodeado; tienes puesta tu mano sobre mí'.
Salmo 139-1-5 La
mano de Dios está sobre vos.
Espero que este libro te ayude a enloquecer
de amor por Dios. Si creés que es posible, seguí
leyendo; si no, dáselo a alguien que crea.
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