De la Cabeza!

Del Libro: No me metan en la bolsa
Autor:
Lucas Leys, Ediciones Lagram / Certeza

Qué pensarías de alguien que se pusiera a construir un transatlántico en la puna, o de un israelita que fuese a la capital de Irán a decirles a sus habitantes que se arrepientan de sus ataques terroristas? Locos, ¿no? Sin embargo, hubo casos en que ciertas personas hicieron algo similar en cumplimiento a la orden que habían recibido de Dios. Así, Noé construyó un barco en medio del desierto, y Jonás les fue a predicar del arrepentimiento a los enemigos de su pueblo. ¿Una locura?

Escuchando a Dios

Nuestro grandioso Dios, al que en no pocas oportunidades tratamos de encerrar en el frasco de lo posible o en la lata de lo lógico, muchas veces nos pide cosas que se oponen totalmente a nuestras expectativas o a las que los demás tienen de nosotros.

Revisemos un poco algunas historias que tenemos en la Biblia:

Éxodo 13-17-14-18

Dios llamó a Moisés a rescatar a su pueblo de Egipto, y asoló esa tierra con las plagas. Los israelitas tomaron rumbo hacia el mar, y Moisés sabía que el faraón los podía seguir. También sabía que el camino que Dios le había trazado terminaba en un mar. Era una locura llevar a todas esas familias hacia ahí. Las lanchas inflables todavía no existían, y el faraón venía por la retaguardia. Sin embargo, Moisés obedeció, y el mar se abrió. El pueblo de Israel pasó a través de tierra seca, y el ejército egipcio quedó aprisionado por las aguas del Mar Rojo, que se cerraron sobre ellos.

Génesis 22-1-17

A Abraham le había costado muchísimo tiempo tener ese hijo. (Dios mismo le había prometido que iba a tener a Isaac. Abraham y Sara ya estaban peinando canas, y a eso se le sumaba que ella era estéril, cuando Dios les dio la promesa de que iban a ser padres de una gran nación.) Y ahora, Dios mismo le pedía a su hijo. Abraham tenía que obedecer, y obedeció: subió al monte de Moriah para ofrecer a su hijo en sacrificio. (Al final, Dios proveyó otra salida, pero eso es otra historia.) Ahora, si somos sinceros, a cualquiera que nos contara una historia similar le preguntaríamos por qué no pide una doble consulta con un psiquiatra.

El tema que más me gusta del grupo argentino Rescate es 'Hoy me levanto'. Habla de Gedeón, juez de Israel en el tiempo en que este pueblo estaba acosado por los madianitas, nación pagana que hacía que el pueblo de Dios se escondiese en cavernas. Gedeón tenía que enfrentarse a un ejército de 135.000 hombres con sólo 20.000. Oró a Dios y.. ¿a que no saben qué le contestó? ¡Le dijo que eran muchos! ¿Qué habríamos pensado si hubiéramos estado en las botas de Gedeón?, "Bueno, ya fue, esto sí que es una locura". Después de reducir el número a 1.000, Dios le dijo: "No, todavía son muchos", hasta que quedaron sólo 300. Entonces Dios le dijo: "¡Ahora sí!"

Imaginemos a Gedeón y a los 300 hombres la noche anterior a la batalla: Seguramente no podían dormir. Para aumentarles la fe, Dios le dijo a Gedeón que fuera a escuchar lo que estaban hablando en el campamento madianita. Resulta que uno tuvo un sueño (que yo hubiera pensado que más que un sueño era una alucinación) que hizo que Gedeón, por escucharlo, declarara, antes de la batalla, que ya los tenían en sus manos (jueces 7). Desde el punto de vista humano era una locura. Pero su confianza era tal, que no sólo iban a ganar sino que dieron por sobreentendido ese resultado desde antes. Al día siguiente, el poder de Dios se manifestó y.. ¡qué victoria se mandó Gedeón!

 

¿Estás crazy?

Dios tiene planes maravillosos para nosotros, pero somos nosotros los que le cortamos la inspiración. Pensar que nuestros amigos se van a convertir, que las cosas en casa van a cambiar, que vamos a lograr esto o lo otro en la iglesia parece una locura. Es entonces cuando preferimos pisar el seguro pero mediocre terreno de la lógica.

Algunas veces nos vienen ideas que no sabemos cómo aparecieron. ¿De dónde vienen? De arriba. Lamentablemente, enseguida empezamos a analizar si conviene, si lo sentimos, si es posible, si esto, si lo otro... Ninguno de los hombres y mujeres de Dios que marcaron la historia cuestionó si era lógico lo que Dios le pedía. En ellos sólo hubo un pensamiento: "Heme aquí, envíame a mí."

 

Tiempo de locos

Siempre fue una locura ser cristiano (1 Corintios 1:21), pero hoy parece serlo más que nunca. Si no, tratemos de explicarle a, cualquiera en la calle que si viene uno y le pega, no tiene que agarrarlo a trompadas sino poner la otra mejilla como dijo Jesús (Lucas 6.29) y hablarle del amor de Dios al que le pegó. Ciertamente no van a pasar dos minutos antes de que el fulano sienta deseos de llamar a una ambulancia para que nos internen de urgencia. Asimismo, si decidís que vas a esperar hasta casarte para tener relaciones sexuales, entonces te pinchan con un alfiler para ver si sos de verdad, y mucho más si tenés cara y hábitos de persona piola y no de cristianoide del siglo pasado'.

Hablar de amar al enemigo, de perdonar, de que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no, de esperar a un Cristo que nos va a venir a buscar, hablar de un Dios con el que nos relacionamos cada día, soñar con más logros espirituales que materiales, preocuparnos por los demás sin esperar nada a cambio, etc., etc., es realmente una locura.

 

En contra de la corriente

Una forma de evaluar nuestro compromiso con el Señor es ver si causamos asombro a los que nos rodean. A nuestros compañeros de escuela, a los chicos del club, a nuestros amigos de la iglesia, y, por qué no, a los líderes. Al respecto, una cosa hay que tener en cuenta: ellos no tienen un contrato de exclusividad con el Señor para recibir visiones. Animate a contarles tus propias expectativas, las locuras que pensás que se pueden lograr. Los líderes necesitamos de ustedes.

Te lo digo por experiencia. Muchas veces me pasó que los que me rodeaban pensaban que lo que yo estaba buscando era una locura. Tuve que aferrarme a lo que el Señor me había dicho, y las cosas realmente más inesperadas ocurrieron. Más de una vez me encontré dando por sentado que algo iba a ocurrir y, cuando pasó, me di cuenta de que había actuado como un 'loco', y por eso Dios me había contestado.

Recuerdo la noche anterior al primer Festival Cristiano del Estudiante que iba a realizarse al aire libre en el sur de Buenos Aires, en un parque en la localidad de Máximo Paz. Había asistido a un casamiento, y en cualquier momento iba a estallar un temporal, lo que significaría tener que suspender el festival (con el consecuente resultado de perder mucho dinero, además del desconsuelo).

Varios hermanos de la iglesia ya me consolaban por la pensión (muchos con la sonrisa típica que nos ponen cuando algo no nos sale), y yo les contestaba que estaba todo bajo control y que, de todos modos, se iba a hacer. Sinceramente, estaba asustado; pero dentro de mí algo me llevaba a contestar así. Cerca de la iglesia de la cual era miembro hay un puente peatonal y fui allí, con una amiga que me había animado mucho. Oramos, debajo de la lluvia, y en ese lugar tan ridículo sentí una paz desbordante que me tranquilizó.

 

Locos por Dios

Llovió hasta la mañana siguiente. Esa madrugada, el teléfono no paró de sonar: gente de todos lados llamaba a ver qué pasaba, y yo les prometía que el festival se hacía. A las nueve de la mañana el sol salió, y miles de adolescentes llenaron el festival. Esa noche, llovió otra vez. Dios había cumplido la palabra que él me había dado.

¿Cuál es el tamaño de nuestro Dios? ¿Chiquito, mediano, o tenemos un Dios de lo imposible que nos da la suficiente fuerza para que hagamos todo lo posible, y entonces, encargarse él del resto?

Dios está esperando hijos osados que se animen a luchar, a ser distintos, y a soñar con cosas maravillosas y ocultas que tiene reservadas para los que confían en él.

 

Protagonistas

Un comediante dijo una vez: 'Hay tres tipos de personas en el mundo. Los que hacen que sucedan las cosas, los que miran como las cosas pasan, y los que, sin acercarse mucho, tratan de imaginarse cómo ocurrieron."

Estoy convencido de que la vida cristiana sólo puede vivirse como protagonista. No podemos pasar nuestra vida sosteniéndonos en lo que vivieron Moisés, Jonás o Pedro. Ellos dieron las bases, dejaron su ejemplo y su inspiración, pero es hora de vivir nuestra propia historia al lado de Dios. ¿Acaso nunca te pasó que escuchás oraciones o agradecimientos de cosas que le sucedieron a otros y pensás "Qué bárbaro, pero ¿por qué a mí nunca me pasa nada así?" Aunque la vida eterna en el cielo fue un regalo de Jesús en la cruz, la vida plena acá en la tierra tiene un precio:

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.

Mateo 16:24

Es fácil arrodillarse con superficial humildad, y orar: "Señor, te dedico el 101 % de mi vida a ti" Lo difícil es no bajarse de la cruz cada vez que la cosa se pone seria y te tenés que jugar por tus valores cristianos. A Jesús le gritaban: ¡Bájate de la cruz! ¡A otros salvaste, sálvate a ti mismo!' Por otro lado, su cuerpo gritaba: '¡Me duele! ¡Me duele!

Pero Jesús no se bajó.

La presión de ser distintos nos grita que nos bajemos de la cruz que no seamos 'locos', que la vida cristiana es una anormalidad ... Y lo más emocionante es que sí lo es: la anormalidad más santa, impresionante y realizadora que puede existir acá en la tierra. Moody, un predicador incansable, decía:

La convicción de cada creyente no debería ser solamente 'Dios puede', sino 'Dios quiere usarme'; entréguense y pertenezcan totalmente a Cristo. ¡Que sus mentes y corazones ardan para él. Y estén listos para emplear cada oportunidad en su servicio!'

 

Nos conoce

Un amigo es alguien que nos conoce muy bien, que sabe bien qué es lo que podemos dar, a veces mejor que nosotros mismos. Dios, nuestro creador y nuestro amigo, sabe de toda la fuerza que hay en nosotros y está esperando que nos juguemos por él.

Señor, tú me has examinado y me conoces; tú conoces todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso. Sabes todas mis andanzas, ¡sabes todo lo que hago!

Aún no tengo la palabra en la lengua, y tú, Señor, ya la conoces. Por todos lados me has rodeado; tienes puesta tu mano sobre mí'.

Salmo 139-1-5 La mano de Dios está sobre vos.

Espero que este libro te ayude a enloquecer de amor por Dios. Si creés que es posible, seguí leyendo; si no, dáselo a alguien que crea.

 
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