Si hay una fecha que hemos romantizado en occidente es Navidad.
Muchos no pueden visualizar el pesebre sin el árbol
iluminado, el gordo de pijama rojo, los villancicos, las
medias, los regalos y los tres (magos) vestidos con oro
y trajes lujosos. Es todo tan lindo... la hemos convertido
en un momento de plena satisfacción de nuestros sentidos.
Pero si
hay una nota común en cada una de las escenas de
la historia bíblica de la navidad es que es una
ocasión donde Dios amenaza la comodidad de los hombres.
La primer
escena tiene a un ángel avisándole a una adolescente
soltera que esta embarazada en una sociedad donde tal hecho
es condenado con piedrazos. El obvio acto seguido es que
hay un novio que considera abandonar a su novia en medio
de la vergüenza de lo que esta ocurriendo. Luego hay
un Rey cuya seguridad es amenazada por el surgimiento de
un probable nuevo soberano. Sabios de oriente que viajan
siguiendo una estrella. Una pareja que no encuentra hotel
y termina durmiendo en un establo. Un nacimiento con el
marco y los aromas de animales de campo. Un grupo de pastores
que se pegan el susto de su vida y de broche de oro, una
pareja cruzando un caluroso y peligroso desierto en burro
con un recién nacido a cuestas porque tienen que
exiliarse a un país extranjero porque alguien les
quiere matar al hijo.
No es muy
romántico lo que ocurre. Es mas bien una amenaza
para la comodidad y la rutina de unos y otros.
Navidad
es Dios interviniendo.
Un
llamado a la humildad.
Un grito de revolución.
El comienzo de un cambio.
Un
reordenamiento de prioridades.
Una
invitación a la sorpresa, el asombro y la maravilla
de tenerlo a Dios como artífice principal de nuestras
historias personales.
Tengo un
amigo que solía decir antes de morir que Jesús
había arruinado su vida. Claro que cuando lo decía
todos lo mirábamos buscando qué era lo que
en realidad nos quería decir con esa frase. Luego
de tener nuestra atención, él nos explicaba:
Arruinó mi vida para darme la de Él. Una nueva,
diferente, con otros valores, menos ingenua y menos cómoda.
Una que claramente divide lo que es la humanidad sin él
y lo que es cuando él nace en nuestras vidas.
Ojalá
que en esta navidad le sigamos dejando a Jesús amenazar
nuestro acostumbramiento a un mundo sin Él.
Tomado de: www.especialidadesjuveniles.com