¿Qué es el Amor?

Del Libro: Eligiendo una Pareja Cristiana,
Autor:
Walter Nitsche, Ediciones AcercaR

El amor es múltiple, tan multidimensional que no se puede definir con palabras humanas. Aun el apóstol Pablo pudo compartirnos solamente como se expresa el amor, qué cualidades tiene, pero no qué es el amor. Y esto es comprensible, ya que "Dios es amor". Tan poco como podemos explicar a Dios, podemos explicar el amor. Ahora quiero tratar de explicar cómo se expresa el amor.

El amor se centra básicamente en el otro.

Digo: "Me gusta la flor, disfruto de su perfume y me alegro por los pétalos brillantes. Luego la corto, la llevo a mi casa y la coloco en un florero, para seguir alegrándome por ella." Esto no fue amor, ya que después de varios días tengo que tirar la flor marchita a la basura. El amor se centra básicamente en el otro. El amor es la más profunda reverencia hacia el otro. El amor no pregunta "¿qué beneficios me trae eso?", sino "¿Qué puedo hacer por ti?" Si un joven le dice a su pareja luego de una noche de baile: "me gustas, ven conmigo a la cama, vamos a hacer el amor", no está expresando amor, sino que se expresa a sí mismo, expresa su placer, las funciones de sus hormonas, el deseo de saciarse a sí mismo, y con ello expone su "flor" a grandes peligros y a consecuencias negativas. El amor es la más alta apreciación del otro y posee una sensibilidad muy grande para sus necesidades y penas. Este amor auténtico no nos cae de repente del cielo, sino que hay que aprenderlo, desearlo, practicarlo y elaborarlo. Es una responsabilidad de por vida y no depende de nuestro humor pasajero. Es completamente independiente de que yo tenga en ese momento afecto, sentido de enamoramiento o "ganas de hacer el amor".

Amar es estar dispuesto a sacrificarnos

Ya que el amor es una constante disposición hacia el sacrificio, el amor también debe ser "sufrido". Donde no hay voluntad de sacrificio no existe la base para una relación de amor Por eso, la disposición al sacrificio debe ser perceptible ya desde antes de la boda. En bien de la relación de amor se renuncia a lo permitido, se evita lo peligroso y se deja lo acostumbrado. Uno mismo se impone limitaciones para hacer regalos al otro. Se escribe una carta, en vez de ver televisión pasivamente; se renuncia a costumbres y placeres previos para enriquecer al otro, "Es hermoso vivir para otros", expresaba Grillparzer y nos daba con esto una medida fiel para el amor auténtico: ¡el amor auténtico compite consigo mismo, para entregarse al otro!. Esta disposición no es estática una vez casados, sino que desarrolla una competencia constructiva: ¿qué puedo hacer para que nuestro matrimonio mejore aún más? Y es entonces que se hace evidente que tengo que hacer más que mi pareja, que -hablando humanamente- quiero sobrepasar a mi pareja, negándome a mí mismo, en las pequeñas atenciones, en la bondad y en la comprensión En esto reside, la mayoría de las veces, el motivo del fracaso de relaciones amorosas. Se tienen expectativas que luego son derribadas, se abrigan esperanzas para esto y aquello; pero falta lo básico, la voluntad para el sacrificio. Por eso es que falta el amor auténtico. Y como en general se asevera bien: sin amor no hay matrimonio. Entonces no es que uno se ha casado con la persona equivocada, sino que ¡no se ha traído a la relación matrimonial la capacidad de amar! El matrimonio no fracasa porque no se congenia, sino porque no se tiene la voluntad de buscar y de hacer para el otro lo mejor. Si cada parte de la pareja solamente se centra en sí misma, toda relación de a dos termina rota. ¡Cásate pues solamente con una persona que esté dispuesta a amar, dispuesta a aprender a amar, ya desde antes de la boda!

Edith, de 27 años, leyó en el diario el siguiente aviso privado: "Yo, 30 años, 1,79 ni de altura, delgado, hasta ahora muy ocupado con un negocio exitoso, deseo una compañera fiel. Mis pasatiempos: tenis, equitación, lectura. Por favor escribir a..."

Esto sonaba prometedor, de modo que Edith escribió una carta y adjuntó una foto. Se encontraron en un restaurante fino. Como señal, Edith tenía que tener un diccionario Duden en la mano (que Edith tuvo que comprar). Una vez pasados los primeros tanteos evaluadores, conversaron sobre intereses personales y pasatiempos, sobre educación de niños y sobre el hogar paterno, quedando ambos convencidos de haber conocido una persona simpática e interesante, con la cual se podría llegar a formalizar un matrimonio. La boda de Edith con Werner tuvo lugar sólo tres meses mas tarde. Hubo lágrimas de las madres; la cuñada cantó una canción romántica de amor; hubo muchas tortas, masitas, champán y cremas heladas; luego vino la primera desilusión porque la noche de bodas no transcurrió tal como se había leído en docenas de novelas. Se fueron de luna de miel a Grecia y llegaron las primeras peleas a causa del horario de apagar la luz y del programa de televisión. Ya mucho más pensativos, los dos emprendieron el regreso, aun cuando el encanto de 1o nuevo todavía perduraba.

Después de cuatro meses, Edith pasaba nuevamente una tarde de domingo sola. Werner paseaba a caballo, con sus amigos. El decía que "necesitaba esto regularmente" como compensación del estrés laboral. Ella no sabía montar; tampoco le interesaba mucho, y tenía algo de miedo a los caballos tan grandes. Werner no tenia ni el tiempo ni la paciencia para enseñarle a cabalgar. De modo que ella pasaba casi todos los domingos de tarde sola. El lunes a la nochecita, después del trabajo, Werner leía una revista de actualidades. (A Werner le gustaba informarse sobre novedades, de modo que se abonó a dos revistas más.) Los martes a la nochecita practicaba tenis (a Edith tampoco le interesaba, por causa de la gente "imposible de aguantar" que había allí). Los jueves de noche Werner se reunía en el club de ajedrez, cuando no tenía que encontrarse con clientes. Los viernes a la noche había "comunión entre los dos" delante del televisor, que Werner manejaba con el control remoto comiendo nueces. Y el sábado, lógicamente, Werner tenía que ocuparse también del negocio... Después de diez meses de matrimonio, signados de discusiones cada vez más fuertes, decidieron divorciarse.

Allí donde falta voluntad de sacrificarse ¡falta la voluntad para una sociedad conyugal! Quién no desea renunciar a sus deseos personales, ¡debería renunciar al matrimonio! De modo que si alguien desea saber si está capacitado para el matrimonio, que se pregunte si quiere aprender a darse a su pareja, a entregarse a ella. Una persona que ama no desea ser feliz sino hacer feliz. Un matrimonio precisa amor para funcionar. Las causas más frecuentes de crisis conyugales son la imposibilidad de amar y la carencia de espíritu de sacrificio.

Pero en esto reside la gran oportunidad para cada mal matrimonio, ¡Pues puede aprenderse a amar! El amor es mas una cuestión de voluntad que de sentimientos. Se debe conocer la meta y el sentido del matrimonio, porque de otra forma el amor no tendrá meta ni sentido, ¡y se secaría! Debemos reconocer y aceptar que la mayoría de los cuentos y novelas de amor no responden a la verdad. La realidad del amor no es "y vivieron felices hasta su muerte...", ya que en las novelas el príncipe le recrimina pronto su origen social, y ella le grita que podría haber tenido montones de novios como él. Y la bella durmiente debe aguantar los lamentos sobre los arañazos de los matorrales espinosos de rosas. Finalmente, Blancanieves sufre de depresiones porque su esposo liquidó a su madrastra mala.

El arte del amor consiste en convertir los sentimientos amorosos de un encuentro de novela en el amor de la cruda realidad.

 
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