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NO, SEÑOR. NO ESTAMOS HABLANDO SIMPLEMENTE DE UNA
CITA de ex compañeros. Estamos hablando de algo de
suma importancia. Estamos hablando del amor.
Sé que el amor es de suma importancia para los adolescentes
de hoy en día porque ellos me lo han dicho. Mira esta
carta:
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Querido Dawson:
Ah, como anhelo ser amada. Ser amada, ¡eso
es todo lo que quiero! En realidad, no me importa
nada mas. Podrían quitarme todo lo demás
y no me Importaría. Si al menos alguien
me amara.
¡Lo he oído muchas veces, y lo he
leído en la Biblia, que Jesús me
ama, pero eso parece no significar nada para mí!
¿Que anda mal?
Pensé que usted entendería. No me
entiendo a mí misma. ¿Por que me
siento así? Por favor, ¿me puede
ayudar? ¡Quiero ser amada!
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Esta niña no está sola. Estudiantes en todas
partes dicen: "Quiero ser amado". Cada semana recibo
cartas y más cartas de adolescentes de todo el país
que quieren hablar de A-M-O-R. Y eso es lo que vamos a hacer
en este libro.
¿Qué es el amor?
La mayoría de los estudiantes quieren empezar aprendiendo
qué es el amor verdadero. Pero nuestra sociedad hace
que esto sea casi imposible.
Día tras día te abruman con falsa información
sobre el amor y el sexo. Ves a los adultos abandonar sus matrimonios
y familias. Todos los días descubres errores dolorosos
que se cometen en las relaciones.
Por la publicidad y el entretenimiento logras aprender todo
acerca del llamado "sexo seguro", pero casi nada
acerca del verdadero cuidado y compromiso. Y oyes hablar de
la responsabilidad, de cómo usar condones para practicar
el sexo seguro. Todo esto me hace recordar un viejo rock titulado
"What´s Love Got to Do with it?" [¿Qué
tiene que ver el amor con esto?].
No es de extrañar que los adolescentes estén
confundidos. No es sorpresa que muchos luchen en cómo
demostrar el amor y cómo ser amados.
Está bien, vamos a empezar desde el principio y lo
vamos a clasificar todo. Veamos la palabra amor. Es posible
que aquí sea donde se origina gran parte de la confusión,
pues usamos esta palabra de modos muy diferentes. Por ejemplo,
pensemos en todas las cosas que decimos que amamos:
"Amo el béisbol"
"Amo el pastel de manzana".
"Amo a mi madre".
"Amo a Dios".
"Amo nuestra cabaña en el lago".
"Amo a la bandera".
"Amo a mis amigos".
"Amo a mi novio (o novia)".
A menudos usamos la palabra amor cuando en realidad queremos
decir: me gusta, prefiero, disfruto o simplemente
lo pase bien con... Sí, el camino hacia el amor
verdadero está lleno de todo tipo de palabras y emociones
confusas que quizás suenen como amor o sentir amor.
Incluso nos pueden hacer creer que estamos enamorados. Pero
las palabras y las emociones no son pruebas del amor verdadero,
como lo veremos a medida que avancemos en este libro.
Muchas otras cosas causan confusión respecto al amor.
Día tras día recibo correspondencia de estudiantes
que, en verdad, luchan con esto. Aquí hay una carta
de una joven que llamaré Sandy:
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Esta es la triste historia de dos muchachos y
una joven confundida. Mi nombre es Sandy y tengo
dieciocho años. Antes de seguir adelante,
permítame decirle que soy cristiana.
Hay un muchacho. Se llama Ricky. Hemos salido
con cierta frecuencia durante dos años.
Me ama y quiere que algún día nos
casemos. Es cristiano, pero no me ayuda en mi
andar con Dios. Desde que empezamos a salir, he
cambiado mucho. Lo peor ha sido tener sexo con
él. Sé que eso esta mal y comprendía
que eso iba a ser un gran error, como así
fue. El problema mayor es que necesite dieciséis
años y medio para encontrar a alguien que
me amara de verdad y temo que si lo dejo ir, me
va a llevar mucho tiempo encontrar a otro que
me ame tanto.
Por otro lado, esta Robbie. Lo conocí
hace apenas dos semanas. Participe en un viaje
misionero con mi iglesia, y una de mis amigas
también fue. Ella tiene un hermano que
va a la universidad. Vino a visitarla durante
dos días. Pues bien, una noche oraba que
Dios me enviara un buen muchacho cristiano, y
lo siguiente que supe fue que me estaba llevando
de maravillas con el hermano de mi amiga. Al volver
a la universidad, me escribió una carta
pidiéndome salir con el. Aunque salgo con
Ricky, acepté.
No se si Robbie solo va a querer que seamos amigos
o si querrá que tengamos una relación
de enamorados. Como él vive a cuatrocientos
ochenta y tres kilómetros, no creo que
le interese una relación profunda. Ricky
me ama y yo lo amo, pero desde que conocí
a Robbie, no estoy tan segura. He comenzado a
creer que quizás Robbie sea el hombre para
mí. ¿Que debo hacer?
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Los latigazos emocionales
No necesitamos muchas más pruebas que la carta de
Sandy para ver cuánto podemos confundirnos acerca del
amor. A este tipo de aflicción la denomino latigazos
emocionales. Así es como actúa: Primero, tropezamos
con nuestras necesidades emocionales y físicas. Luego,
aparece alguien que parece que llena esas necesidades, y eso
nos hace sentir mejor. A continuación, comenzamos a
decir que estamos enamorados. No tiene sentido, pero nos hace
sentir bien, así es que lo empezamos a creer. Pero
luego, descubrimos que estamos equivocados. Y nos damos cuenta
que nadie, ningún otro ser humano, satisface realmente
nuestras necesidades. Y eso duele.
Hace poco leí una historia sobre una "red de
amor" de hombres y mujeres que tenían la esperanza
de conocer a alguien especial a través del envío
de mensajes por computadora. Una mujer de treinta y ocho años
se había comunicado con regularidad con un amigo computarizado.
Ella dijo que la hacía sentir única y especial.
Pero luego agregó: "Cuando alguien nos dice que
necesita escuchar, empezamos a preguntarnos si ha ocurrido
algo mágico".
¡Qué barbaridad! ¡Esta mujer creyó
que se había enamorado de un montón de mensajes
de computadora! Piensa que algunas palabras en una pantalla
pueden satisfacer todas sus necesidades. He aquí una
mujer de treinta y ocho años que se ha vuelto irracional
en cuanto a sus sentimientos. Ahora, trate de convencerme
de que nuestra sociedad no ha convertido el amor en un concepto
totalmente confuso.
Está bien. Todos los días la gente se equivoca
con el amor. ¿Por qué tanto problema? Es parte
de la vida.
La cuestión es que todos los días personas
confundidas con el amor sufren y se confunden aún más.
No estoy sermoneando. Este no es un problema teológico
ni de seminario. En la búsqueda del amor, todos los
días miles y miles de personas, muchas adolescentes,
pierden la virginidad, quedan embarazadas y abortan. Y esto
no termina ahí. Estos "errores" en el nombre
del amor pueden conducir a un mayor dolor y culpa que lo que
la mayoría de nosotros pueda imaginar.
La verdad
Demasiados estudiantes buscan con desesperación el
amor verdadero, pero encuentran imitaciones baratas y destructivas.
Demasiados estudiantes piensan que el amor es un sentimiento
que viene y se va rápidamente. Muchos no entienden
que Dios creó el amor.
Así que nuestra mejor oportunidad de hallar el amor
verdadero es aprender de Dios cómo lo creó para
que actúe. Si no lo hacemos así, terminaremos
obteniendo una mala información.
Por ejemplo, tú tal vez creas que sentirte atraído
físicamente a alguien es amor. Dices: "¡Qué
físico!", o "¿Viste esa chica?"
y crees que esa es la relación de tu vida. Pero eso
no es amor; son las hormonas.
Tal vez creas que si alguien te escucha y te entiende, es
amor. Pero eso no es amor; es bondad.
Tal vez pienses que sentirte bien cuando estás con
alguien es amor. Eso tampoco es amor, es atención.
Y tal vez creas que tener una relación sexual es amor,
pero no lo es. Eso no es más que dos novatos prendiendo
peligrosos fuegos artificiales.
Estas son algunas de las muchas formas en que la gente confunde
el amor verdadero con otra cosa. La pura verdad es esta: Cuando
no entiendes el amor verdadero, de la forma en que Dios quiere
que se entienda, puedes confundirte, dañarte y llegar
a sufrir consecuencias realmente dolorosas. Como ya dije,
esto es de suma importancia.
Una vez vi en un partido de béisbol cuando un lanzador
tiró una bola rápida a la cabeza del bateador.
Este cayó al suelo, pero se levantó riendo.
¿Por qué se reía? Porque era un partido
de estrellas. Los puntos no afectaban los resultados acumulados,
así que a los jugadores no les importaba mucho. El
lanzador tiró otras tres bolas rápidas, pero
el bateador, asustado con el primer tiro, no se esforzó
en batear las siguientes y no le dio a ninguna. Perdió,
pero se fue riendo junto con el lanzador.
Es verdad, durante un juego de estrellas fue un momento gracioso,
pero si se hubieran enfrentado durante una serie mundial,
aquello no habría tenido nada de gracioso. Hubiera
sido un asunto muy serio. Habría habido demasiado en
juego como para reír.
Así es con eso llamado amor. A nadie le divierte perder.
Aun así, todos queremos jugar. Todos deseamos ser amados.
Todos nos encontramos clamando como lo hizo Sandy: "Por
favor, ¿me puede ayudar? ¡Deseo ser amado!"
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