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El
mundo de los modelos es atrapante para cualquier
crítico del estilo de vida que nos venden
actualmente.
El
excesivo, divertido, poco inteligente y satírico
personaje de Ben Styler, que no deja bien parado
a los glamorosos modelos publicitarios, también
nos habla de un mundo real lleno de presiones
que nos acorralan diariamente. El mundo del éxito
y los Nº 1.
| La
verdad es que me cuesta hacer las caras que
hace Ben, pero desfilando me las rebusco bastante.
Si
viste la película, posiblemente tuviste
una de estas dos reacciones: o dijiste Tiré
plata a la basura o tal vez te reíste,
como yo, de alguna escena un poco tonta
pero que te ayudó a pasar el tiempo.
Vayamos más allá del guión
para que podamos sacarle provecho a esta
película.
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Pensando
en serio, debemos darnos cuenta de que a nuestro
alrededor hay un mundo que se desvive por lo que
los ojos ven. Y esto no es nada nuevo. Ya lo dice
la Biblia, aclarándonos sobre este tema,
porque el Master de esto sabe bastante, que el
Señor no mira lo que mira el hombre, sino
que Él mira lo que hay en nuestro corazón.
Bueno la verdad es que el Señor mira, el
problema es que no mira lo que nosotros miramos.
¿Qué
hay detrás del hecho de mirar?
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Mira!
(con todo lo que significa la palabra) la
verdad es que el Señor nos hizo seres
sociales. ¿Qué significa
esto? Significa que vivimos en sociedad, siendo
socios, o sea que necesitamos del otro. ¿Para
qué? Para saber cómo somos,
cómo estamos, o para saber que realmente
existimos. ¡Qué loco, no! |
Es
así, no te podés cortar solo en
esta vida. No existen los llaneros solitarios.
En alguna medida fuimos creados dependientes de
los demás. Uno puede decir que conoce a
un Fulano que vive encerrado en su dormitorio
jugando todo el día con su PC. Bueno la
verdad es que el socio de este Fulano es la PC.
Por más que lo niegue, hace sociales con
una máquina. No podemos dejar de ser seres
sociales. Y esto nos hace dependientes, por sobre
todo dependientes de Dios.
El
problema más importante al que debemos
hacerle frente en estos tiempos es el de la autoestima.
Es imprescindible saber qué valor tenemos
o, más importante, quienes somos. Para
Dios y para nuestros socios.
| Hay
un psicólogo argentino llamado Jorge
Bucay que escribió: "tomar conciencia
de quién soy es, para mí, el
resultado de una desprejuiciada mirada activamente
dirigida hacia adentro para poder reconocerme". |
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Bucay
no nos dice nada nuevo, porque el Señor
ya lo había adelantado hace un pedazo de
tiempo atrás. Lo importante es que hay
que mirar, pero no lo que ven nuestros ojos sino
mirar el corazón.
Cuando
logro mirar mi corazón me enfrento con
lo que soy realmente. El corazón es símbolo
de nuestro interior, donde las cosas nos se pueden
esconder, donde nos mostramos tal cual somos,
donde radican las cosas más lindas y aún
las más oscuras de nosotros mismos. Debemos
conocernos y entregarle a Dios aquello que nos
desprestigia como persona. Para ello, soólo
podremos hacerlo, si lo conocemos, mirándonos
nosotros mismo con la ayuda del Espíritu
Santo.
El
espejo me muestra
un aspecto solo de mí,
tal vez el menos
conveniente
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Hay
un pequeño cuento que dice que un hombre
iba caminando por una montaña y encontró
al pie de una roca un espejo abandonado. Lo
levantó, miró y dijo: "¡Qué
horrible! Con razón lo tiraron". |
Yo
supongo que Dios (que sabe mucho más que
nosotros) nos hizo con la trampita de que lo importante
esté en nuestro corazón porque sabe
que nunca nos conformamos con lo que vemos; siempre
después de un ratito queremos más.
Lo que hoy es lo super emocionante, mañana
ya no lo es tanto y pasado ni me acuerdo. Le perdemos
el valor a las cosas como característica
de nosotros mismos. A veces me entero de las modelos
o actrices que se hicieron una operación
acá, otra allá, y otra por aquí,
porque se veían feas. ¡Por favooorrr!
¡Qué me queda a mí entonces!
| La
verdad es que no nos conformamos y el Señor
escondió en lo profundo de nuestro
corazón lo que realmente debemos mirar
y no solo allí sino que también,
como seres sociales que somos le dio a los
demás el privilegio de poder vernos.
Por ello la opinión de los demás
debemos tenerla en cuenta. |
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Yo
le pondría un orden:
Primero
la opinión de Dios,
que de esto sabe un montón, porque Él
nos hizo.
Segundo
la mía,
mirándome sinceramente bien adentro.
Y
tercero la de
los demás.
Mi
hijita de 5 añitos vive diciéndome
que soy el papá mas bueno que hay en el
mundo, y yo le creo. Antes era el más lindo
hasta que apareció un tal Lautaro de su
escuela que me movió el piso, pero no importa,
el más bueno soy yo. No podré ser
todo, pero algo soy, eso es autoestima.
Uno
no depende
de la palabra de los otros
pero sí tiene
la responsabilidad
de escucharla.
Si
estamos invirtiendo los roles de Dios-Yo-Vos
en Vos-Vos-Vos,
escucharemos muy malas noticias que están
contaminando nuestra vida.
La
sociedad vive con una fuerte presencia de los
medios de comunicación, con un claro mensaje
de vivir todo lo que puedas, vivir sin tener en
cuenta los costos, llénate de sensaciones
y emociones fuertes, sin tener en cuenta el costo
de lo que esto significa. ¡Ojo!
No está mal vivir y mucho menos
sentir, pero todo tiene un costo y la mayoría
de las veces no vale la pena. ¡Qué
raro! Vivimos supuestamente en un mundo donde
lo importante es sentir y se lo caratula como
"cementerio de esperanzas" (Gonzalez-Carvajal)
y nadie podría discutirnos que el consumismo
actual no es resultado de una especie de "aburrimiento".
Yo diría el resultado de un desorden, porque
primero tiene que estar Dios, después Vos
y luego los demás para saber acerca de
tu valor.
Ben
dependía de los diseñadores, empresarios
y periodistas para mantener su fama de número
uno. Nosotros dependemos de Dios. Aunque jamás
seamos número uno ¿por qué
debemos serlo?, trabajaremos para ser lo
mejor que nos toque ser pero sin compararnos con
nadie. Yo seré la mejor persona, el mejor
profesional, el mejor siervo que el Señor
quiera, y si no soy un número uno, no importa
porque seré para Dios lo que Él
quiera que sea. No importa el glamour, ni los
primeros lugares; no importa la fama, sí
el éxito, siempre que sea éxito
el hacer lo que el Señor quiere que haga.
Chau,
Chau. Adrian
Intrieri

Ben miraba el lente
de la cámara
nosotros miremos a los ojos de Dios.
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